El amor romántico bajo la mira: ¿es un ideal peligroso?

Para muchos, representa posesión, celos y un camino a la violencia de género. ¿Qué tipo de vínculo lo puede reemplazar?

 

Es probable que actualmente no exista un concepto tan conversado y debatido en nuestra sociedad como el del “amor romántico”. Durante décadas hemos leído sobre él en poemas y novelas, lo hemos visto en miles de películas y escuchado en inolvidables canciones.

Hoy, a la luz de las sociedades contemporáneas y el crecimiento en el avance de la ola feminista, el “amor romántico” se convirtió también en epicentro de debates desde la psicología, la sociología e incluso la antropología: ¿es un tipo de amor desigual? ¿Está bien tenerlo como horizonte de una relación posible? ¿Lo romántico siempre duele? ¿Existen otras formas de amar? ¿Por qué amar debe equivaler a sufrir? Las nuevas generaciones empezaron a hacerse estas preguntas.

El origen de una pasión
Algunos historiadores ubican el origen del “amor romántico” justamente en el Romanticismo, entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Entonces, los principios de la revolución democrática empezaron a hablar de la posibilidad de tener mayor libertad para elegir una pareja, lo contrario de las prácticas más difundidas de matrimonios por conveniencia o por arreglos sociales.

Con el paso de los años, en el imaginario se fueron asociando a dicho tipo de amor algunos elementos, a saber: la idealización del ser amado, la devoción, la entrega absoluta a un otro y, en muchos casos, el sufrimiento por no ser correspondido.

“El modelo de amor romántico sería aquél que forma una trama de mitos y mandatos alrededor de tres elementos: la pasión, el erotismo y las prácticas sexuales. Finalmente, es un amor asentado en coordenadas tradicionales de desigualdad entre los géneros y de control moral de la organización y la expresión del deseo, en detrimento de las mujeres e identidades feminizadas”, define en diálogo con Viva Silvia Elizalde, doctora en Antropología por la Universidad de Buenos Aires e Investigadora Independiente del Conicet.

Adiós a la idea del flechazo

La psicóloga Gabriela Rougier, especialista en terapias de pareja y crisis de infidelidad,  entiende al amor romántico como algo íntimamente relacionado con la llamada teoría del apego.

“Tiene que ver con una necesidad instintiva que tenemos los seres humanos, un código de supervivencia que está diseñado por miles de años de evolución para mantenernos cerca de las personas de las que dependemos física y emocionalmente. y que puedas convocarlas si las necesitás. Surge de un instinto primario, de la necesidad de una conexión con el otro. En la búsqueda de esa conexión tenemos esta idea del romanticismo, que es algo que viene con nuestra propia esencia humana”, explica.

Consultada sobre la asociación que suele hacerse entre el amor romántico y algunas características como los celos, la posesión o la idealización de un otro, Rougier opina que “en el imaginario queda el amor romántico asociado a eso, pero no tiene que ver con eso. Hoy pasa por otro lado”.

No hay ninguna recompensa por sufrir por amor. Nos han hecho creer que todo se consigue soportando, cediendo y pasándolo mal. Hay que romper con esta idea de que el sufrimiento nos lleva a algún lado.

¿Por qué amar es igual a sufrir?
Si tuviéramos que pensar en una escena que defina ese dolor profundo del amor irrealizable, sin dudas la elegida sería ésa del filme Los puentes de Madison, en la que Francesca (Meryl Streep) ve partir bajo la lluvia a ese hombre que encendió en ella un arrebato de pasión, Robert (Clint Eastwood), sabiendo que ya no estarán juntos.

El dolor del enamorado ha sido asociado siempre con un sentimiento que se padece y que al mismo tiempo es el motor de los y las artistas para crear sus mejores poemas, sus películas o sus canciones.

El crítico y escritor francés Roland Barthes escribió Fragmentos de un discurso amoroso (1977) para documentar ese padecimiento. ¿Pero es posible un amor sin sufrimiento?

Según la escritora y comunicadora española Corral Herrera –famosa por haber escrito numerosos libros de reflexión y debate en torno al amor– en todas las relaciones humanas hay cuotas de dolor que son inevitables, desde la pérdida de un ser querido hasta un amor no correspondido.

Pero aclara que “hay toneladas de sufrimiento que nos podríamos ahorrar perfectamente”.

“El sufrimiento forma parte de nuestra cultura porque viene de las raíces del cristianismo, de la idea de que hay un paraíso y cuanto más sufras, más grande será la recompensa. Y es una gran estafa porque no hay ninguna recompensa por sufrir por amor. Nos han hecho creer que todo se consigue soportando, cediendo y pasándolo mal. Hay que romper con esta idea de que el sufrimiento nos lleva a algún lado”, le dice Corral Herrera

Algo distinta es la idea que propone la reconocida socióloga franco-israelí Eva Illouz. En su libro Por qué duele el amor, Illouz escribe, citando al escritor estadounidense Jonathan Franzen:

“El dolor duele, pero no mata. Cuando se considera la alternativa –un sueño anestesiado de autosuficiencia, instigado por la tecnología–, el dolor surge como el producto natural y el indicador natural de estar vivo en un mundo resistente. Pasar una vida sin dolor es no haber vivido”.

Para la psicóloga Gabriela Rougier, es muy importante la intensidad de la pasión.

“Yo creo que sí hay desacuerdos de pareja, o momentos en los que el otro me puede herir o no entenderme o tener alguna conducta que me lastime, porque los seres humanos no somos perfectos y en todas las relaciones existen conflictos”, explica.

“Lo que no es bueno –agrega– es cuando estos patrones se instalan como el único repertorio que puede haber en una pareja. Lo importante es poder reparar y que el sufrimiento no sea la norma.”

Estoy convencida de que vinimos a este mundo a amar y que, solo amando, esta vida es digna de ser vivida.

¿Los hombres no lloran (por amor)?
En un escenario repleto de voces y debates femeninos entra también en discusión el rol que juegan los hombres en estas reconfiguraciones de los vínculos. ¿A ellos también les duele el amor romántico?

El psicoanalista y doctor en Psicología de la UBA Santiago Thompson piensa que existe un peso muy grande en sostener la posición masculina: “Como dice una canción del Indio Solari: es tan duro vivir como un duro. Quizás muchos hombres están aliviados con estos cambios. Esta destitución del macho tiene sus beneficios. Podemos llorar”.

Con respecto a las nuevas formas de vincularse en la actualidad, el especialista opina: “Me parece también que hay algo que no se puede normativizar en la pareja. Quién sufre, quién no y de qué manera. Toda forma de lazo genera sus incluidos, sus excluidos y sus formas de malestar”.

“Creo que, para ambos sexos, la caída de los velos del amor nos acerca más a la angustia que al aburrimiento. En otras épocas se padecía la monotonía, la vida rutinaria. Ahora de lo que se padece es de la incertidumbre en una relación. Y eso le puede pasar a un hombre o a una mujer”, concluye Thompson.

John Lennon admitió en Jealous Guy que era un hombre celoso, ¿Son los celos y la posesión características inherentes al amor romántico?

La escritora Carla Castelo cree que sí: “Romeo y Julieta representan un concepto del amor romántico y son dos jóvenes que se suicidaron. Hemos romantizado la muerte, el ‘morir por vos’, no nos hemos dado cuenta a dónde nos estaba llevando. Fueron instrumentos de una cultura creada por los hombres. Venimos a combatir eso que es difícil, pero la estamos batallando y creo que va a ser bueno para hombres y mujeres por igual”.

La psicóloga Gabriela Rougier cree que a veces se confunde al amor romántico con la dependencia:

“Creo que el amor romántico quedó muy pegado a vínculos de pareja de otras épocas, donde el hombre era el que decidía y trabajaba, o la mujer estaba sometida a ciertos roles como cuidar el hogar y los hijos. Eran relaciones absolutamente asimétricas. El amor romántico tiene que ver con una relación libre y saludable, y se lo asocia con el sometimiento que habla en realidad de un vínculo violento, físico o verbal”.

Lo que vendrá
Existe la creencia de que las nuevas generaciones poseen una mayor libertad y de que están construyendo relaciones no tan signadas por valores o ideas rígidos.

En ese sentido, la psicóloga Gabriela Rougier cree que los jóvenes sí se habilitan a hablar de ciertos temas, pero que los mismos ya venían sucediendo a nivel social desde hace tiempo.

“No creo que nada sea nuevo, como las parejas abiertas o el poliamor. Creo que son cosas que vienen ocurriendo desde que el hombre existe. Pero sí creo que las nuevas generaciones no son tan hipócritas o tienen menos prurito en decir lo que sienten”, opina.

De todas formas, la psicóloga destaca que el amor romántico se sigue necesitando, se elija el vínculo que se elija.

“Todos necesitamos, dentro de los acuerdos de cada pareja, sentir cierta exclusividad o tener ciertas pautas. Recibo muchas consultas de infidelidades en parejas abiertas porque los pactos muchas veces no se cumplen. En el fondo todos necesitamos sentirnos especiales para alguien, sea de a dos, de a cuatro o de a cinco”, asegura Rougier.

¿Qué amor queremos?
La pregunta del millón es: si el amor romántico tal como lo conocemos ya no funciona, entonces, ¿qué tipo de amor queremos?

Para Gabriela Rougier, el gran desafío es poder construir una cultura propia con la persona elegida: “Quizás nos pasamos al otro lado y ahora pensamos que ya no necesitamos a nadie. Creo que no es una cosa ni la otra. Está buenísimo poder tomar nuestras decisiones y ser libres, pero siempre está la necesidad de conectar con el otro y de tener amor en nuestra vida”.

Por su parte, Silvia Elizalde ve un cuadro muy complejo porque, si bien quienes disienten con la agenda del amor romántico comparten una idea del amor como una unión revocable, elegida y respetuosa de la libertad propia, no lograron definir nuevas relaciones que realmente revolucionen los patrones vigentes.

Según Carla Castelo, un amor superador es simple. “¿Estás contenta con tu pareja? ¿Te sentís a gusto, cómodo o cómoda? Tiene que tener eso. Después sí, obvio, que haya honestidad, compromiso, responsabilidad. Pero hay gente que no piensa así, por eso es complicado proyectar cuál va a ser la nueva forma del amor.  De todos modos, también es cierto que no deja de ser un fenómeno muy urbano, muy cosmopolita. Hay otros lugares donde sigue funcionando el amor romántico hecho y derecho. Lamentablemente, el cambio importante va a tardar mucho en darse.”

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